Cofradia Virgen de Luna

Historia

RESEÑA HISTÓRICA DE LA COFRADÍA

 "Vieja y heroica podemos titular nuestra Cofradía, pues viejo es su origen  y héroes fueron sus primeros cofrades. Nace esta en tiempos duros y como tales grandes de Cruzada: Tiempos de reconquista. Su primitiva bandera guardaba entre los pliegues olores de combate frente al infiel. Bandera de fe y de milicia enarbolada por brazos viriles de españoles mitad monjes, mitad soldados.

Muy cerca de nuestra tierra estaba, en aquella época, la marca o frente de batalla: sarracenos allende del Calatraveño y cristianos al lado de aca. Batallas de Dios se libran a las puertas de nuestro mal llamado valle, y nuestros antepasados, como tantos bravos castellanos, acuden a pelear por su Dios y patria. Allí van las Milicias Concejiles de Pozoblanco, con su alférez abanderado a la cabeza y la Gloria no tarda en quedar prendida de sus arreos militares.

La Virgen , como siempre, preside sus empresas y, desde aquellos tiempos, la media luna, de donde se creo que toma el nombre la virgen, yace como trofeo a los pies de nuestra Patrona, LA VIRGEN DE LUNA.
Religiosa y militar , pues fue en su origen  nuestra cofradía; y militar y religiosa sigue siendo."

De esta forma comienza la reseña histórica que precede a nuestras singulares constituciones y que pretende aclarar un poco la confusa existencia de este tipo de cofradías en Pozoblanco y en el Valle de Los Pedroches. Donde parece ser que gran parte de las cofradías de gloria existentes en la actualidad tenían las misma forma que la nuestra, pero el tiempo ha sido mas cruel con algunas desapareciendo casi en su totalidad este espíritu militar. Junto a la de Pozoblanco, que mantenemos integra la idiosincrasia que se nos ha legado, han quedado algunas en Alcaracejos y Dos Torres.

Características comunes con otras cofradías de la comarca

Las hermandades/cofradías militares son aquellas, que como parte de su ritual tienen unos elementos comunes, que podríamos resumir:

1.- Recorrido callejero del pueblo, marcadas por el sonido del tambor.

2.- Van presididas por los hermanos que portan signos de mando, como son, vara, alabarda, bandera.

3.- Tiene uniforme especifico militar, escopeta y/o espadín. Estas hermandades/cofradías, no se han vinculado a ninguna advocación específica o concreta sino que la vemos tanto en las llamadas de gloria: del Señor, Virgen, santos y santas o de penitencia: Semana Santa.

Lo que sí coinciden todas ellas es en la riqueza etnográfica de sus rituales, vestimentas, estructura organizativa. El solo hecho de usar el tambor no explica que dicha hermandad/cofradía, sea militar. Tampoco todas tienen en sus cargos nomenclatura del ejército


Diversas interpretaciones acerca de los orígenes

Se ha pretendido ver en ellas una continuación del Somatén, sobre todo en aquellas que portan armas de fuego. Esta hipótesis es presentada por un militar y sin fundamentos históricos y nula aportación documental. No faltan quienes hayan atribuido a este tipo de hermandad/cofradía la defensa de los terrenos de las tres unidades administrativas que componían la actual Mancomunidad de Los Pedroches: Condado de Belalcázar, Condado de Santa Eufemia y las Siete Villas de Los Pedroches. E1 privilegio extendido a muchas cofradías de esta comarca, de poder usar armas, fue debido a la necesidad de defenderse de los frecuentes asaltos de contrabandistas y bandoleros, abundantes por esta zona, en los siglos XVIII y XIX y que llevó a que muchos particulares se armaran para su propia defensa


Datos históricos de la Cofradía

El título es: Cofradía de Nuestra Señora de Luna de la Villa de Pozoblanco.

Nada se ha conservado y nada hay cierto sobre la fecha de fundación de la misma.

Sabemos que, desde el cinco de junio de 1877, se rige por las Constituciones aprobadas por el Obispo de la diócesis. Fray Ceferino González y Díaz -Tuñon.

La Cofradía, tiene una historia mas larga que lo que pueden dar a entender sus Constituciones. En el mismo contexto de ellas se adivina que ya existía puesto que refiriéndose a los Mandos, dice "cuyos cargos desempeñaran los que actualmente los ejercen, mientras merezcan la confianza de los mismos, y sólo renovarán cuando a petición de las dos terceras partes de éstos lo solicitasen.

Por una comunicación que hizo el Vicario de Pozoblanco en 1842 sabemos que entre las cofradías existentes en la iglesia parroquial de santa Catalina, se encontraba ésta, aunque no estuviera implantada con todos los requisitos necesarios: "Hay diversos devotos que sin estatuto alguno, costean las festividades de Ntra. Sra. de Luna... (enumera otras más), que se veneran en esta iglesia, habiendo descuidado formalizarlas y solicitar su aprobación, cuidando de fomentar el culto divino, y de ayudar a la parroquia, cuyos derechos de estola se hallan muy disminuidos; debiendo advertir que ninguna está sujeta a visita.

En el censo de cofradías que realizó el ministro Aranda, en 1770, entre las establecidas en Pozoblanco, aparece la Cofradía de La Virgen de Luna, pero sin la aprobación Real ni del Ordinario Eclesiástico, y celebraba dos fiestas.

En la respuesta que da el Capitán al elenco VI, publicado en el Boletín Eclesiástico de la diócesis de Córdoba, año 1914, escribe y da la noticia de que existían en aquel tiempo "pues solo consta que existen actas de mediados del siglo XVIII" sin concretar nada más.

También sabemos que a mediados del siglo XVIII, existía la Cofradía y hubo un rechazo de un candidato que pretendía formar parte de ella.

Nos vamos más atrás y nos encontramos con el pleito entre Pozoblanco y Villanueva de Córdoba por el rapto de la Imagen en 1681. Allí, entre los que firman la querella por parte de Pozoblanco, está "el hermano mayor de la Hermandad y Cofradía que se sirve en la ermita Ntra. Señora de Luna, sita en la dehesa de la Jara".

Que existía la Romería, quizá no con los ritos actuales, ya en esa época se trasladaba a Pozoblanco "en sus necesidades y aflicciones con el aparato y decencia debida a dicha villa de Pozoblanco.

La nomenclatura de los Mandos nos da pie para argumentar la antigüedad de la Cofradía. Pues como es fácil advertir, en los Mandos que en ella hay, se pasa desde Capitán a Abanderado, no constando el de Teniente.

Hemos investigado y preguntado a personas conspicuas de la milicia y se nos ha comunicado que en los famosos Tercios de Flandes. no existía el Teniente sino que la compañía se fraccionaba en tres partes y cada una de ellas la mandaba un Sargento. En medio estaba el Alférez-Abanderado, quedaba atrás portando la Bandera, y si la compañía hacía retirada, todos los soldados convergían junto a la Bandera y junto a ella se reorganizaban y desde allí se intentaba de nuevo atacar al enemigo.

Esto nos llevaría a pensar, que nuestra Cofradía data al menos de este tiempo y copió el orden de los Mandos tal y como entonces estaba establecido. Fue en el Renacimiento, cuando surgieron los ejércitos integrados por Tercios y regimientos y entonces es cuando aparece entre los mandos el Lugarteniente o Teniente, como segundo del Capitán y superior por tanto, al Alférez, que siguió siendo el Abanderado.


FINES Y COMPOSICIÓN ACTUAL

El objeto de esta cofradía es el de solemnizar el culto debido a Nuestra Señora Virgen de Luna, en sus dos festividades, y acompañarla en procesión desde su Santuario a Pozoblanco y viceversa, en los días señalados de tiempo inmemorial, que son el domingo de Sexagésima, que se traslada a la Parroquia de Sta. Catalina de Pozoblanco y el domingo de Pentecostés que vuelve a su ermita.

HISTORIA DE LA APARICIÓN DE  LA VIRGEN DE LUNA

A continuación, les presentamos el relato de la aparición de la Virgen de Luna, que siempre nos contaron de pequeños, y que en el tiempo se ha ido transmitiendo de generación en generación. Está contado como un cuento, de manera muy sencilla, tal y como lo escribió el pozoalbense Adolfo de Torres. Que lo disfruten. (Emilio Guijo) 

Había en Pedroche -ha muchos años- un pastorcito que, antes del amanecer, salía con sus ovejas -blancas como la nieve-, cogía su zurrón y con su borreguito "Lucero", de color canela con pintitas blancas, allá se iba en busca de fresca hierba que alimentara al "ganado".

El "clarear" del día le sorprendía ya metido entre las encinas, anda que te anda, cantando y haciendo sonar el cascabel de "Lucero", al que llevaba en sus brazos, por ser éste muy chiquito y porque de andar pronto se cansaba.

¡ Ti... lín... tilín !,

Ya se fueron las estrellas.

¡ Talán... talán !,

Ya viene el Sol en busca de ellas.


Las alondras... pií... pí..., pasaban rozando cerquita de "Lucero", tiritaba un poco con el frío de la mañana; el pastorcito lo arropó con su azalea, dejándole la cabeza al aire para que no se ahogara. La oveja "Grande", madre del corderito, habíase quedado rezangada del resto del rebaño y caminaba al lado del passtorcito, lamiéndose las manos y llamando a su hijo:... bee...bee.

Lejos, se veía un arroyito de agua clara, que corría entre juncos y tropezaba con unas piedrecitas blancas haciendo:... glu... glu...glu. Llegaron las ovejitas y pasaron el arroyo brincando; el pastorcito se dispuso a cruzarlo, poero antes paróse a meter a "Lucero" en su zurrón, para que no se mojara, si acaso resbalaba al saltar:

¡ Tilín... tilín !,

Ya pasamos el arroyo.

¡ Talán... talán !,

Y las ovejas, ¿dónde están?.


Las ovejitas corrieron más de la cuenta, pues habíanse asustado del ruido que, al galopar, formaban gran número de caballos, que montados por aguerridos caballeros pasaban no lejos de aquel lugar. Los ojos del pastorcito vieron, atónitos , el caballo blanco del capitán, que iba el primero, con la crin rizada, reluciente el bocado y que parecía llevar espejitos en las rosetas, cerca de las orejas... Y vio a los caballeros con sus armaduras de bronce, su airón de colores que agitaba el viento, y sus espadas y lanzas...Y vio caballos de muchos colores, y aún pudo poner a prueba sus ligeras piernas y su gran decisión corriendo tras de un caballo desmandado, al que logró alcanzar y parar, entregándolo al caballero, que premió su buena acción, regalando al pastorcito (para que la pusiera a "Lucero") la campanita de plata que su caballo llevaba.

... Todavía estuvo un buen rato alejarse a los hombres de armas (que tales eran los caballeros que a su vera habían pasado) y cuando ya no divisaba más que una nube de polvo, acordóse de que había perdido las ovejitas, y allá, a buscarlas, corrió:

¡ Tilín... tilín !,

Los caballeros van ah,.

¡ Talán... talán !,

¿cuántos irán?


...Pronto "dio" con las ovejas, que en unan cañada andaban, "roe que te roe". Las contó y estaban cabales: Catorce con la oveja "Grande" (que por cierto no comía, sino balaba, llamando a su  hijito), más las cuatro vaquitas, que pastaban allá más lejos. Por la altura del Sol adivinó la hora: Las doce serían, "chispa más o menos". Su pensamiento  voló hacia la casita, donde sus padres, en tales momentos, estarían rezando las tres Avemarías del Angelus. Clavó su cayada en el suelo y, con ambas manos sobre ella, rezó el Avemaría.

Hecho esto, el pastorcito dejó a "Lucero" junto a su madre y se apartó a la orilla de un arroyo, donde poder apagar la sed que le devoraba que (por la larga jornada) era mucha y contenida.
...Bebiendo estaba, cuando miró al arroyito y vio retratada en el agua una Virgencita con un Niño en los brazos y una Luna a sus pies; volvió la cabeza y encontró en la rama de una robusta encina a la Virgen que había visto en el agua... Lleno de alegría y loco de contento, subió al árbol, cogió la Virgencita y la metió en el zurrón para llevársela a su casa. "Andando andandito", hacia el pueblo se encamina, presto el paso, para enseñar a sus padres la Virgen que se le ha aparecido:

¡ Tilín... tilín !,

La Virgencita va aquí.

¡ Talán... talán !,

mi madre la verá.


Llega a su casa y la madre, que lee la alegría en sus ojos, le pregunta:

- ¿Qué traes, que tan contento vienes?

- ¡Mira! (le dice metiendo la mano en el zurrón...) ¡Anda!, no está aquí; yo la metí en el zurrón y no etá aquí la Virgen.

- ¡...!

- ¡Se me ha escapado del zurrón la Virgen! (exclama el pastorcito llorando).


Al día siguiente, pidió a su madre unos cordeles y, "muy de mañanita", se fue al lugar donde había visto la Virgen y encontróla de nuevo, en la rama de la encina; la cogió y volvió a meterla en su zurrón. Pero esta vez la ató con los cordeles, para que no se pudiera ir. Seguro que ahora sí que la verían sus padres y todo el pueblo, hacia allá corrió ligero como un gamo:
 
¡ Tilín... tilín !,

La Virgencita va aquí.

¡ Talán... talán !,

ya no se escapará.
 
... Y su sorpresa fue grande cuando, después de desatar los cordeles con mucho cuidadito, notó que la Virgen había desparecido de nuevo.

Por tercera vez acude a llevársela, cuando oye que la Virgen le  dice: "Pastorcito, no me lleves más en tu zurrón, porque quiero estar aquí en estos jarales"... Aquellas dulces palabras de la Virgencita dejan encantado al pastorcito, que quisiera ahora ir "en volandas" a su pueblecito a dar la Buena Nueva; y dicho y hecho: "por la trocha", aquí brincando y allí corriendo, el pastorcito llegó a Pedroche antes que decir amén, comunicando a todos lo que la Virgen le dijo.

El pastorcito, sus padres, hombres, mujeres y niños de la villa de Pedroche, salen hacia el lugar donde se ha aparecido la Virgen. En el camino se les unen los pastores que habitan en las chozas de las majadas. Lejos suenan: ¡ti... lín tilín...! las campanitas de las ovejas; los cabaones chirrían en los cogollos altos de las encinas; se oye el ru... ru de las tórtolas que arrullan y... "aprisita", bajo el cielo azul y pisando la verde pradera, llegan todos juntos a la encina que está cerquita del arroyo y se encuentran a la Virgen con el Niño Jesús en sus brazos y una Luna a sus pies. Arrodillados, comienzan a rezarle una Salve que, trémula de fervor, sube al Cielo ascendiendo entre las nubes, que cual vellones de blancos corderos, parecen suspendidas, por una hebra de oro, allá muy alto, muy alto

Mientras esto pasaba, la noticia de la aparición de la Virgen había corrido con la velocidad de un cometa por los pueblos del Valle de los Pedroches: Pozoblanco y Villanueva de Córdoba acuden presto y se disputan la veneración de la Virgen, alegando que se ha aparecido en terrenos que pertenecen a las tres villas. En efecto aquellos parajes, donde apareció la Virgen, eran de los tres pueblos y allí quiso estar, como para decir que a todos quería mucho.

Las autoridades arreglaron el asunto fundiendo en un "solo" corazón" (como dice el cantar) todo el cariño y devoción de los tres pueblos hacia su Virgen de Luna (que así la llamaron desde entonces, por haberse aparecido con la Luna a sus plantas), y decidieron: priermo, levantarle una ermita en el mismo sitio donde se había aparecido y después señalar a cada una de las tres villas un día fijo (dentro del año) en que irían por la Virgen a su Santuario (aunque lloviera, nevara o granizara), para poderla tener en su pueblo un poco tiempo y que, una vez terminado el plazo, la llevarían a a su ermita, para que otra de las villas fuera por Ella.

Desde aquellos tiempos, todos los años, sin interrupción, los habitantes de esta comarca acuden en romería, unos a pie, a caballo otros, aquél en un burro, otros en carros, alegrando el camino con cantos a la Virgen y galopes de caballos, que entre cabriolas y piruetas pugnan por ser los primeros en llegar a "la Ermita", que se ve "blanquear", allá "a lo lejos", entre el azul de los chaparros.

Y es digna de ver esta procesión, caminando, enntre el plan... rataplán del tambor y el tintineo de las colleras, alejándose entre las recias encinas por donde discurre el "Camino de la Virgen". Los cantos no cesan en todo el trayecto. Hay "paradas" de los Hermanos que mientras revolotea su bandera -estrella azul sobre la verde hierba- lanzan al aire descargas de rigor, haciendo que se den un abrazo -de olores- la pólvora y el tomillo, mientras las andas de la Virgen, balanceando sus campanitas de plata, pasan de los hombros de un soldado a los de un estudiante y de éste a los de un artesano. Jinetes sobre briosos corceles, cuajados de madroños y otras filigranas de la talabartería, caracolean a la vera de la Virgen, sorteando las macizas encinas y quebrando rayos de sol con rosetas y alamares. Los romeros salmodian, incesantes, sus coplas:

"Canta el cielo y tierra una,

en concierto universal:

¡Viva la Virgen de Luna, 

nuestra Madre Celestial".


Y así llegan a "Los Llanos", donde un niño -un "currutaco"- aupado por los brazos de su madre exclama:

"Vijen de Luna -¿Queres mi holnazo?- Que si no me lo zampo".
 
"A la Virgen de Luna, 

me voy mañana;

a tirar de la soga de la campana".

FIN

ADOLFO DE TORRES